

La Escuela de Gastronomía Capacitar está inscribiendo para el curso corto “Cocina para niños”, una de las clásicas propuestas de la institución de calle Santa Fe.
A lo largo de los últimos ocho años esta alternativa ha convocado a niños de entre 3 y 13 años, muchos de los cuales han vuelto como adultos para tomar clases e incluso ser docentes de la casa.
El curso se dicta los viernes por la tarde y tiene dos franjas, una para niños de hasta 5 años, y otra de 6 a 13 años. Las clases están a cargo de Lucas Ríos, el coordinador de la escuela.
“Por lo general, los chicos provienen de familias a las que les gusta cocinar, y tienen un interés muy especial por las comidas. Por ejemplo, acostumbran navegar por Internet en busca de recetas”, explica Ríos, quien recuerda que las preparaciones más solicitadas por las alumnitas son la “torta Oreo” y los cheesecake (pasteles de queso), mientras que los varones prefieren las recetas con carne y trabajar con el sartén.
“A los chicos lo que más les gusta es cortar y cocinar en sartén, y lo que más dificultades les presenta es cortar las papas, por la dureza, y el amasado”, señala el chef.
Cabe mencionar que cada dos semanas, los viernes por la mañana concurren a tomar clases de cocina, desde el centro de atención para personas con discapacidad El Andén.
«Cocinar aporta a los más pequeños innumerables beneficios», aseguró el psicólogo educativo español Jesús Ramírez Cabanillas, autor del libro Cocinoterapia. Por ejemplo, les enseña a ser más metódicos y a trabajar con la memoria. Para elaborar una receta tienes que ser ordenado, ejecutar bien los pasos y tener un buen control sobre las actividades que vas realizando para completar el plato. Pero sobre todo hace que los peques coman de todo, mejor, y más sano, y adquieran desde edades muy tempranas hábitos saludables de comida”.
Numerosos estudios han alertado a lo largo de los años los beneficios que tiene en los niños ayudar a preparar la comida. Uno de ellos realizado por investigadores del departamento de Ciencias Nutricionales de la Universidad Estatal de Pensilvania, concluía que los niños que ven a sus padres cocinar durante más tiempo en casa toman decisiones más saludables a la hora de escoger sus propios alimentos.
«Conocer los alimentos, cómo se obtienen y cómo se preparan, ayuda a hacer elecciones más saludables de alimentación. Todavía más en aquellos niños que realizan en casa o en el colegio actividades como tener un huerto o cultivar plantas. Incluso, los niños que juegan con juguetes como supermercados o cocinas, también se relacionan con mejores elecciones a la hora de comer», se destacó.
Los niños aprenden fundamentalmente de lo que ven, y durante la infancia todo es aprendizaje, por lo que «si entran en la cocina para aprender a cocinar con alimentos sanos y realizar platos saludables, mejor que mejor». Además, es interesante que acompañen a sus padres a hacer las compras. Los beneficios serán aún mayores si los padres, a la hora de hacer las compras o de cocinar, les dan a sus hijos una breve explicación sobre los platos que están cocinando y el porqué elegir un tipo de alimentos sobre otros.
Sin duda, todas estas actividades, junto con la de comer en familia, tal como se ha demostrado también en varias investigaciones, «no sólo mejorarán nuestros hábitos dietéticos, sino que reforzarán las relaciones humanas, ayudarán a hacer compatible una alimentación sana con una alimentación sostenible, y a pasarlo bien en la mesa».
Animarlos a cocinar sin miedo
Los beneficios son claros: aprender a ser organizado preparando los ingredientes, compartir las tareas, comer de manera sana y equilibrada y recibir un feed-back (retroalimentación) por la labor realizada, habitualmente suele ser positivo. «La cocina es fundamentalmente motivación intrínseca», se asegura. Es decir, motivarse sin obtener ninguna recompensa más que la propia satisfacción de haber realizado algo propio. Incluso, mejora la capacidad de trabajar en equipo: «A los niños les encanta cocinar en compañía, por ello es muy recomendable actividades como cocinar en familia». Del mismo modo, «no hay por qué engañar al niño si el plato que deseaba hacer no se ajusta a lo ideado. El lo sabe perfectamente y es mejor decirle las cosas claras», añade el psicólogo.
Bien, es cierto que la cocina tiene elementos muy peligrosos como el fuego o los cuchillos, por eso es aconsejable que los padres estén delante y que al principio lo único que hagan los niños es observar cómo preparar la comida y ayudarles con tareas sencillas como batir, aliñar o amasar. «Actividades que, además, reportan tanto en niños como en adultos una gran sensación de bienestar», argumenta este especialista.
Poco a poco, y conforme vayan creciendo, se les puede ir introduciendo el uso de los elementos más peligrosos, pero que con la supervisión del adulto se van a ir acomodando de forma fácil a su rutina. Así, «al igual que en otras actividades, los niños irán progresivamente siendo cada vez más autónomos», concluye.