
LIGA VILLAMARIENSE – Clausura – 4ta. fecha
En un partido de pocas luces, Playosa y Argentino empataron sin goles en Casa Blanca y continúan compartiendo el liderazgo en la Zona A
Escribe Daniel Cerutti
En encuentro que mostró un estilo precario de juego en los protagonistas, Playosa y Argentino dividieron honores en cero tanto por bando, dejando en sus simpatizantes una lógica expresión crítica a lo percibido luego de interminables noventa minutos de juego.
Con alternativas cambiantes transcurrieron los primeros minutos, con ambos equipos buscando insistentemente evolucionar sobre el campo adversario, sin descuidar en ningún momento una marcación que se convirtió en casi obsesiva sobre los organizadores del adversario. Los dos tuvieron oportunidades a través de tiros de esquina o lanzamientos libres que fueron bien despejados por los defensores o sin exigir la intervención de los porteros.
En el elenco visitante marcaron diferencias en la proyección hacia el arco albo, la constante movilidad de Matías Rojas y Ariel Galíndez, quienes por momentos exigieron con sus cargas el esfuerzo de la retaguardia local. La lucha se planteó especialmente en el mediocampo, donde ninguno cedió un metro de terreno para evitar la continuidad de los ataques sobre sus posiciones defensivas. En el análisis individual y dentro de un rendimiento regular en sus compañeros, fue destacable lo que aportaron Juan Albornoz y Guillermo García en Playosa, con momentos de inspiración y buscando siempre con criterio ofensivo.
El nivel del juego, con el devenir de la brega, no se caracterizó por exhibir componentes técnicos de jerarquía, quedando las situaciones ofensivas en intentos aislados, donde ambos guardavallas no fueron exigidos al extremo. Solo un cabezazo de Velasco tras un lanzamiento de esquina y un remate de Gagliese marcaron señal de alerta para la estabilidad defensiva del Lobo, en momentos donde el conjunto de Paulo Velasco pareció salir de su inacción asumiendo un rol protagónico más profundo y peligroso. Las ocasiones propicias para el huésped se fijaron a través de lanzamientos con balón detenido, frustrados por la correcta cobertura de la retaguardia alba y las contenciones seguras de Fabricio Garetto.
En dicha etapa inicial, ciertamente ninguno puso énfasis en el fútbol de ataque, limitándose la búsqueda a la utilización de innumerables pelotazos que carecieron de dirección o destino positivo, temática que se reiteró hasta el hartazgo y que influyó indudablemente sobre la evaluación del nivel táctico y técnico del partido.
En el segundo período pareció el local insinuar mayor ambición en sus arrestos ofensivos; a los dos minutos un cabezazo de Velasco fue bien contenido por Ronco cuando todo daba sensación de gol; y en acción similar la pelota salió apenas desviada tras cabezazo de Gagliesi. También Albornoz desperdició otra incursión local, permitiendo con su defectuoso remate otra fácil contención de Ronco.
Un error de Anton Troxler en el despeje motivó la situación más favorable a Argentino en las instancias finales, salvando Garetto la trayectoria del esférico que lo había superado tras el fallido rechazo de su compañero. Y en la acción más destacable, quedó para la polémica y el justo reclamo de simpatizantes y jugadores albos; cuando el árbitro privó al anfitrión de un penal cometido a los dieciocho minutos por el guardavalla Ronco a Gagliesi, quien había burlado en su carrera la oposición del mismo y este con su mano desplazó al delantero, siguiendo el balón su dirección sin ingresar en la valla.
Los momentos finales fueron de infructuosa búsqueda por Playosa, pero sin llegar al objetivo concreto del gol; que en el análisis integral del cotejo, debió ser expresión certera quizás por una mínima diferencia a favor de quien hizo mejor las cosas, principalmente en el período complementario. Dentro de un estilo cuestionable de juego en todo el trámite, Playosa mereció un resultado más favorable.
La figura – Franco Ñáñez
Fue quien intentó poner orden y fortaleza a un equipo que fue progresivamente decayendo en su labor, mostrando errores llamativos en el armado y en la orientación de sus ataques.
En Playosa tuvieron buen cometido Marcos Velasco (expeditivo e impasable) y también Fabricio Garetto, por su experiencia y seguridad en la contención del juego aéreo, especialmente.
El árbitro – Federico Urunde
De mediocre desempeño. Cometió errores de apreciación en algunas jugadas de implicancia. Privó al local de contar a su favor un penal cometido en el segundo tiempo por el arquero Ronco frente al ingreso franco de Gagliese, que lo había superado en el intento. Debió amonestar a algunos jugadores que se excedieron en sus reclamos e intervenciones bruscas, en los momentos más tensos del partido.