
Hay que decir, de entrada, que la cascada Los Chorrillos es la más alta de Córdoba. A paso firme comienza la aventura por este rincón del Valle de Punilla, queda claro. A paso firme, que también hará falta para darle vida a la caminata que nos llevará hasta el seno del salto de agua.
El mismo reposa en los fondos de la reserva natural homónima, que comienza en el bello poblado de Villa Flor Serrana, en las vecindades de Tanti y 200 kilómetros al noroeste de Villa María. Un parque privado de singular belleza, canto a las sierras, cuya principal virtud es ese virtuoso manantial que cae desde casi 120 metros de altura. Hijo del Arroyo Cristal, el inmenso reguero protagoniza el ranking de imperdibles de la provincia.
La reserva, de 100 hectáreas de extensión, se ubica dentro de la Estancia Las Mercedes, cuyos dueños decidieron destinar parte del territorio para las visitas. Eso fue hace poco más de dos años atrás. Desde entonces, los amantes de la naturaleza acuden al llamado de la cascada, muy asentada ella en los dominios de la creación, a 7 kilómetros de la entrada al parque. Brilla en ese sitio perdido, aliada a un paredón de roca, compadre de la vegetación regional, retoño de las cadenas montañosas de las Sierras Grandes, a las que contempla en la panorámica.
Moviendo las piernas
Para llegar al recoveco prometido, habrá que dedicarle unas dos horas al movimiento de piernas (otras dos harán falta para volver). La caminata es amable, en un recorrido de baja dificultad donde los desniveles no corporizan mayor barrera. Con todo, sí hay que tenerle respeto al sol, que en jornadas de cielo abierto pega y de lo lindo. Mucha agua en las alforjas, pues.
Durante el paseo, el viajero podrá disfrutar de los óleos serranos que marcan los fondos, y de los verdes y amarillos del aquí y ahora. Son los que obsequia la Ecorregión Chaco Serrano, de la mano de romerillos, pastizales, molles, talas, paraísos, orco quebrachos y hasta frutales y cactus.
También sobresalen los pinos, que a pesar de no ser originarios del lugar (se presume que, al igual que en el Valle de Calamuchita, fueron plantados por inmigrantes europeos), ya son locales por adopción. Los bosquecillos de sombras y frescuras que forman, son una bendición. En cuanto a la fauna, las estrellas son los miles de pajaritos, el cóndor que perfecciona el vuelo ante la mirada atónita del forastero, las iguanas y los sapitos de colores.
Después de disfrutar del panorama punillense como se debe, la llegada a la cascada propiamente dicha genera satisfacciones varias, con ese salto largo y enjuto que brinda rocíos y fabrica unas ollas ideales para la zambullida (acompañe o no el clima, que el viaje ha sido largo). Escolta una pasarela levantada por los guardaparques del lugar (son cuatro, vienen de distintos puntos del país y dicen ser felices en su destierro), y la paciencia sonora del Arroyo Cristal.
Cómo llegar
Para llegar a la reserva, hace falta atravesar la localidad de Tanti, y ya cuando la ruta busca la tierra del camino hacia Los Gigantes, doblar a la izquierda (hay un cartel indicador).
Tras unos cinco kilómetros de tenues subidas y bajadas (el camino no está en las mejores condiciones, pero lejos está de ser intransitable), se accede a Villa Flor Serrana (500 habitantes). El ingreso al parque se encuentra justo frente al balneario, en las adyacencias del camping local.