
ESCRIBE: Alfredo Koncurat, de EKo Consultora
(ESPECIAL para PESO ESPECIFICO)
La mayor incertidumbre en el plano internacional siembra más dudas a un escenario local que no logra generar la confianza necesaria para seducir inversiones.
El giro macroeconómico iniciado apenas asumió Mauricio Macri fue trascendente, 180º que golpearon fuertemente a los más vulnerables, pero también a una clase media resistente a bajar su nivel de consumo.
Tal como lo analizábamos a principios del año pasado en la nota publicada por este medio (“Nuevas viejas recetas del manual de la ortodoxia” – Lunes 4 de enero de 2016), el consumo bajó estrepitosamente meses posteriores de los brutales ajustes monetario y fiscal, arrastrando inexorablemente a la caída de PBI.
Si la apuesta era que las inversiones contrarrestarían la abrupta baja del consumo en el segundo semestre, vale decir que se pecó de impericia, sin sustento ni argumentos lógicos para un escenario de corto plazo. La reactivación de este componente crucial para un sano desarrollo debe sostenerse con políticas de estado a largo plazo; a corto plazo sólo cayeron capitales golondrinas que volvieron a pedalear la bicicleta financiera.
Las consecuencias son más que elocuentes: 2016, al menos en el plano económico, será un año para el olvido. En el acumulado hasta noviembre la economía muestra una caída del 4,9%, según el propio INDEC, y la recesión encadena así más de cuatro trimestres.
Esta profunda recesión económica trae como consecuencia, según el INDEC, una suba de la tasa de desempleo al 8,5%, una menor producción industrial (-4,9%), y una baja relevante en la construcción (-13,1%), y lo peor de todo es el aumento del déficit fiscal (según el Ministerio de Hacienda y Finanzas el mismo aumentó en un 83%) y la continuidad de la elevada inflación que no ha podido ser controlada y que, reavivada por “tarifazos”, ya supera según diversas mediciones el 40-45% interanual.
¿Brotes verdes?
A pesar de la pobre marcha de la economía, la elite empresarial con el sector agroexportador como abanderado vislumbra datos favorables para el presente año: la venta de maquinaria agrícola se incrementó en facturación un ¡148% interanual!
En este sentido, son muchas las consultoras privadas que afirman que ya se puede observar tímidas señales de reactivación gracias al estímulo de la obra pública y por supuesto al sector financiero especulador, que, blanqueo de por medio, da vigor a la entrada de divisas.
Lo cierto es que las estadísticas comparativas interanual de 2017 se medirán con un magro y paupérrimo 2016, por lo que es de esperarse que gracias a un “efecto rebote” los datos al menos dejen de mostrar signos negativos.
Crecimiento, ¿para todos?
Es importante recalcar que debemos mirar siempre la realidad desde dos carriles diferentes: por un lado el crecimiento de la torta empujado por el sector primario exportador, el sector financiero y ahora según parece por la obra pública; y, por otro lado, su distribución, es decir, cómo este crecimiento beneficia a la población en su conjunto, que bajo este modelo en su mayoría tendrá que esperar con mucha paciencia un virtual derrame.
El año 2017 promete ser un año clave. Desnudará al Ejecutivo que se verá expuesto de nuevo en las urnas en unas elecciones que serán cruciales, para el Ejecutivo que apuesta profundizar un modelo que difícilmente pueda dar frutos concretos al grueso de la población.
La luna de miel ha terminado, se acabó para la mayoría la paciencia del primer año, el pragmatismo será quien domine el ánimo. Al fin de cuentas, como dijo Bill Clinton, “es la economía, estúpido”.