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Patrimonio: cocheras que se abren, portones que se cierran

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Patrimonio: cocheras que se abren, portones que se cierran
El último portón para carruajes con rejas de la casa de Pedro Buconic, de 1890

A propósito del proyecto de demoler parte del hall del ex-Cine Alhambra, se destacan diversos espacios villamarienses de relevancia que se deben custodiar

El último portón para carruajes con rejas de la casa de Pedro Buconic, de 1890
El último portón para carruajes con rejas de la casa de Pedro Buconic, de 1890

El último portón para carruajes de Villa María pareciera tener sus días contados.

Apretujado entre las ruinas de una casa abandonada y la demanda de terrenos en el casco histórico, esa inmensa boca abierta al pasado acaso deje de gritar “socorro” y pronto sea redimida por el golpe del martillo. Curiosamente y a pocos pasos de allí, la Asociación Española de Socorros Mutuos está pensando seriamente en demoler el hall del ex-Cine Alhambra (incluidos los frescos de Fernando Bonfiglioli) para hacer una inmensa cochera. O sea que mientras una entrada para coches del siglo XIX se viene abajo, otra para el siglo XXI se abrirá en una pared con idéntico resultado: la pérdida brutal del patrimonio villamariense.

Es curioso (por no decir siniestro) el destino que han sufrido muchas de las obras declaradas “intocables” en la ciudad por el arquitecto Carlos Pajón en 1996, desde que la Comisión de Patrimonio Histórico hiciera un relevamiento de los inmuebles que merecían preservarse.

El propio Pajón me confesó, en una nota que hiciéramos el año pasado poco antes de su muerte, que “en realidad censé más de 400 casas entre Villa María y Villa Nueva, pero el municipio me dijo que la lista era muy larga y que la bajara a no más de veinte”. Y bien, de esas “veinte casas selectas” que Pajón puso en valor con su respectivo cartel azul (una suerte de “crucifijo” contra los vampiros inmobiliarios) la inmensa mayoría no han sido respetadas.

 

Visita al Alhambra en la “Noche Bonfiglioli”
Visita al Alhambra en la “Noche Bonfiglioli”

Acerca de “reliquias”

El ex-Colegio Mariano Moreno, por ejemplo, destruido el año pasado con licencia y sin protección municipal alguna, era una de esas “reliquias”. Lo mismo la casa de Pedro Buconic de 1890, que ostenta el último portón para carruajes intacto que aún queda en la ciudad. Curiosamente hace una semana y durante la “Noche Bonfiglioli” (circuito organizado por el museo para apreciar los frescos del artista en la ciudad), se comprobó que la Casa España corría la misma suerte. Y es que en el hall del ex-Cine Alhambra, el aire se hacía irrespirable no sólo por la humedad, sino por un tufo a inminente demolición en aras de unas “muy necesarias cocheras” (tal lo explicó su presidente en una nota a este matutino).

Lo mismo pasó en el local del comercio Naldo Lombardi. Allí, la inmensa mayoría de los murales de Bonfiglioli (orgullo de un cine del interior), estaban tapados con durlock, siguiendo un irreversible proceso de ruina. Hay que descontar que los frescos que aún se pueden apreciar entre heladeras y aires acondicionados (apenas cuatro) piden una restauración urgente.

Pero volviendo a la Casa España, lo curioso es comprobar que su frente también ostenta el cartel de Pajón. “Construida hacia 1920 por la Asociación Española de Socorros Mutuos. Estilo modernista. Se destaca en su interior el vestíbulo del ex-Cine Alhambra en estilo morisco”.

Para los fans del temple, hay que decir que dicho “vestíbulo” fue la primera obra mural de Bonfiglioli pintada en la ciudad y que es de 1934. También que fue restaurada en 2009 por el arquitecto Hugo Las Heras (actual director de Patrimonio) que durante su charla en el “tour” se mostró tan triste como indignado por el futuro incierto de una obra maravillosa (el único homenaje público al mundo musulmán en la ciudad).

Quizás en muy poco tiempo (en menos de lo que canta el ruidoso gallo de la topadora) nos quedemos sin el hall del Alhambra, sin los murales del ex-Cine Opera y sin el último portón para carruajes de la ciudad. Eso sí, tendremos en cambio, playas de estacionamiento última generación y una megacasa de electrodomésticos donde conseguir freezers y batidoras, lo que felizmente nos asegura una fabulosa vida cultural a los villamarienses.

Iván Wielikosielek

Especial