
La ciudad de Oliva, como tantas ciudades del mundo, albergan historias de sus perros callejeros. Pero uno se destaca bastante.
Se llama Pirata y es casi un símbolo olivense.
Alimentado por todo el pueblo, el perrito que perdió un ojo se presta al afecto que recibe de la gente, en cada paso.
Entra a todos los bares, a la Terminal y a los comercios, como buen callejero. Y hace unos días, le tomaron esta foto en la central de taxis.
No es de nadie. Es de todos. Pirata.